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AirPods capaces de leer señales cerebrales: así avanza Apple

AirPods capaces de leer señales cerebrales

La idea de unos AirPods capaces de leer ciertas señales cerebrales ya no suena a ciencia ficción lejana. Diversos estudios e informes técnicos vinculados a Apple apuntan a que la compañía está explorando seriamente cómo convertir sus auriculares en una puerta de entrada a la actividad eléctrica del cerebro, utilizando el propio oído como punto de registro.

Por ahora no hay ningún producto oficial anunciado y todo se mueve en el terreno de la investigación, las patentes y los prototipos. Aun así, la información publicada permite esbozar un escenario bastante claro: futuros AirPods podrían incorporar sensores y modelos de inteligencia artificial capaces de interpretar señales de electroencefalografía (EEG) desde el canal auditivo, con posibles implicaciones en salud, bienestar y monitorización del sueño, también en mercados como España y el resto de Europa.

Un modelo de IA para entender las señales cerebrales sin etiquetado humano

El punto de partida de esta posible revolución está en un estudio en el que investigadores de Apple describen un método que permite a un modelo de inteligencia artificial aprender la estructura de la actividad eléctrica cerebral sin necesidad de que neurólogos etiqueten manualmente los datos. En lugar de depender de registros anotados, el sistema se alimenta de grandes volúmenes de EEG en bruto.

Ese enfoque recibe el nombre de PARS (PAirwise Relative Shift), un tipo de aprendizaje autosupervisado. En vez de decirle a la IA qué segmento corresponde a cada fase del sueño o a un episodio epiléptico, el algoritmo toma dos fragmentos de señal EEG escogidos al azar y debe averiguar cuál es el desplazamiento temporal entre ellos.

Al obligar al modelo a resolver este rompecabezas de posiciones relativas, PARS consigue que la IA vaya captando la composición global de las ondas cerebrales, más allá de patrones muy locales. De esta forma se generan representaciones internas útiles que luego se pueden reutilizar para tareas como clasificar etapas de sueño o detectar anomalías neurológicas.

En las pruebas realizadas, los modelos preentrenados con este método igualaron o superaron el rendimiento de técnicas previas de aprendizaje autosupervisado en varios conjuntos de datos de EEG. La clave es que el sistema no solo rellena huecos en la señal, sino que aprende relaciones de largo alcance en la actividad cerebral, lo que abre la puerta a análisis más fiables sin depender de anotaciones expertas.

Uno de los detalles más llamativos del estudio es que incluye registros obtenidos con EEG auricular (ear‑EEG), es decir, mediciones desde el oído en vez de desde el cuero cabelludo. Esta modalidad es mucho más discreta y cómoda que los cascos tradicionales de EEG, y encaja como un guante con la idea de integrarla en un dispositivo de consumo como los AirPods.

Del laboratorio al oído: por qué el ear‑EEG encaja con los AirPods

Entre los conjuntos de datos que se usaron para poner a prueba PARS figura EESM17, centrado en monitorización del sueño mediante un sistema portátil de EEG de oído con varios canales, combinado con mediciones clásicas en el cuero cabelludo. Los resultados muestran que, incluso desde la oreja, es posible recoger información cerebral relevante.

El ear‑EEG utiliza electrodos situados dentro o alrededor del pabellón auditivo. Aunque las señales resultan algo más débiles y ruidosas que las obtenidas en la cabeza, siguen reflejando patrones clínicamente útiles como las fases de sueño o ciertas señales vinculadas a crisis epilépticas. A cambio, se gana en discreción y comodidad, algo importante si se pretende usar el sistema en la vida diaria.

En el caso de Apple, la compañía lleva años ampliando las funciones de salud de sus dispositivos: ECG en el Apple Watch, medición de oxígeno en sangre, sensores de frecuencia cardiaca o tecnologías basadas en fotopletismografía en sus wearables. El paso lógico que sugieren las investigaciones y documentos actuales sería extender esa apuesta al ámbito de la actividad cerebral desde el oído.

Plantear que una futura generación de AirPods incorpore sensores de EEG no parece una locura si se tiene en cuenta el enorme uso cotidiano de los auriculares inalámbricos. Millones de personas en España y en toda Europa los llevan puestos durante buena parte del día, lo que los convierte en un soporte ideal para registrar datos de salud de forma continua sin cambiar hábitos.

Además del trabajo científico, se han identificado documentos de propiedad intelectual y solicitudes de patente que dan pistas bastante concretas sobre cómo podría implementarse técnicamente esta lectura de bioseñales desde el oído en un dispositivo de consumo masivo.

La patente que abre la puerta a AirPods con lectura de bioseñales

En 2023, Apple presentó una solicitud de patente para un dispositivo electrónico portátil capaz de medir bioseñales desde el oído del usuario. Aunque el texto no menciona explícitamente a los AirPods por su nombre, los dibujos y las descripciones recuerdan claramente al formato de unos auriculares intraaurales.

El documento detalla que la actividad cerebral se puede medir no solo con electrodos sobre el cuero cabelludo, sino también mediante electrodos colocados dentro o alrededor de la oreja externa. Esta estrategia ofrece ventajas evidentes: menos visibilidad de los sensores, mayor comodidad y posibilidad de utilizar el sistema en movimiento, frente a los equipos clínicos tradicionales llenos de cables.

La propia patente admite, sin embargo, que para obtener una medición fiable mediante EEG auricular habría que tener en cuenta que cada persona tiene un oído con una forma distinta. Zonas como la concha, el canal auditivo o el trago muestran variaciones importantes entre usuarios, de modo que un diseño único podría no garantizar la colocación óptima de los electrodos en todos los casos.

Para lidiar con ese problema, Apple propone un diseño en el que los auriculares integran más electrodos de los estrictamente necesarios, repartidos en distintas posiciones alrededor de las puntas que se introducen en el oído. A partir de ahí, un modelo de IA se encarga de analizar cuál de esos puntos ofrece la mejor calidad de señal, valorando parámetros como la impedancia o el nivel de ruido.

El dispositivo combinaría las mediciones obtenidas por los distintos sensores, asignando un peso específico a cada uno y generando así una señal cerebral «fusionada» optimizada. La patente también contempla gestos táctiles, como tocar o presionar el auricular, para iniciar o detener la captura de bioseñales, y propone diferentes configuraciones de diseño para adaptarse a la anatomía de oídos muy variados.

Cómo funcionarían unos futuros AirPods que leen señales cerebrales

Si se unen las piezas —el método PARS, el ear‑EEG y la patente de 2023— se puede imaginar cómo operarían en la práctica unos AirPods con capacidad para registrar y procesar señales cerebrales. La idea sería integrar electrodos y sensores bioeléctricos en la parte interna de la carcasa, justo en las zonas que hacen contacto con el canal auditivo y la oreja externa.

Estos sensores captarían pequeñas variaciones de potencial eléctrico relacionadas con la actividad neuronal y con otras bioseñales próximas, como la actividad muscular, el movimiento ocular o el pulso de volumen sanguíneo. Un chip integrado en cada auricular se encargaría de una primera fase de trabajo: segmentar la señal por zonas, filtrar parte del ruido y regular los niveles.

A continuación, los datos se enviarían de forma inalámbrica a un iPhone, iPad o Apple Watch, donde un modelo de IA más potente —basado en enfoques similares a PARS— se ocuparía de interpretar los patrones de la señal. Gracias al preentrenamiento autosupervisado, el sistema podría reconocer estados de sueño, cambios en la actividad cerebral o posibles anomalías sin requerir que un especialista etiquete a mano cada registro.

Entre los usos que sugieren los documentos se encuentran la monitorización de las fases del sueño, la detección de convulsiones o irregularidades neurológicas, y el seguimiento de indicadores de salud relacionados con el sistema nervioso o la circulación. También se abre la posibilidad de aplicaciones orientadas a la concentración, la fatiga o el nivel de alerta, con escenarios que podrían interesar tanto a usuarios particulares como a entornos profesionales.

En el día a día, la idea es que el usuario apenas tenga que cambiar su rutina: bastaría con colocarse los auriculares como siempre. El sistema podría activarse manualmente mediante un gesto concreto o funcionar de forma programada durante ciertas franjas horarias, por ejemplo por la noche, para luego mostrar informes sobre la calidad del descanso, interrupciones del sueño u otros indicadores de bienestar.

Ventajas y límites de medir la actividad cerebral desde el oído

Elegir el oído como punto de medida tiene todo el sentido del mundo. Desde el punto de vista práctico, un sistema de ear‑EEG ofrece una visibilidad muy reducida frente a los cascos clínicos tradicionales, algo que en Europa podría facilitar su adopción en entornos cotidianos sin llamar la atención en la calle, el transporte público o la oficina.

Además, los auriculares son un accesorio que muchas personas usan a diario durante horas, lo que facilita realizar registros frecuentes y a largo plazo sin necesidad de acudir constantemente a una consulta. Para quienes tienen problemas de sueño o siguen tratamientos neurológicos, contar con mediciones regulares hechas en casa podría resultar especialmente útil como complemento a la atención médica.

El reverso de la moneda es que las señales que se obtienen desde el oído son más débiles y ruidosas que las registradas en el cuero cabelludo. Actividades tan normales como hablar, masticar o hacer ejercicio pueden introducir artefactos que distorsionan la lectura, de modo que el sistema debe aplicar estrategias avanzadas de filtrado y compensación.

También influye mucho el ajuste físico del auricular: un pequeño cambio de posición puede alterar el contacto del electrodo con la piel y, por tanto, la calidad de la señal. Resolver esto requiere un diseño ergonómico muy cuidado y algoritmos de calibración continua, de manera que el dispositivo pueda adaptarse a los pequeños movimientos y a la diversidad de oídos.

Desde un punto de vista clínico, todo apunta a que, al menos en una primera etapa, estos futuros AirPods se situarían más cerca de una herramienta de seguimiento general y bienestar que de un dispositivo médico destinado al diagnóstico. Para dar el salto a usos sanitarios regulados, sería necesario llevar a cabo ensayos clínicos rigurosos y obtener autorizaciones específicas de las autoridades competentes.

Privacidad y regulación en Europa ante unos AirPods que leen el cerebro

Más allá de los retos técnicos, la posibilidad de que unos auriculares lean señales cerebrales abre un debate importante sobre privacidad, seguridad de datos y regulación, especialmente en la Unión Europea, donde el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) establece obligaciones muy estrictas para el tratamiento de datos de salud.

Los registros EEG pueden revelar información extremadamente sensible: patrones de sueño, posibles trastornos neurológicos o indicios indirectos del nivel de atención y fatiga. Este tipo de datos encaja de lleno en la categoría de información sanitaria especialmente protegida, por lo que su uso requiere bases legales muy claras, consentimiento explícito e información transparente al usuario.

Si Apple decide comercializar en Europa unos AirPods con estas capacidades, tendrá que garantizar un cifrado robusto de las bioseñales tanto durante la transmisión como en el almacenamiento, políticas claras de retención de datos y mecanismos sencillos para que la persona pueda borrar su historial o exportarlo a otros servicios, respetando los derechos de acceso, rectificación y portabilidad.

Otro aspecto delicado será trazar la frontera entre un producto de consumo para bienestar y un dispositivo médico regulado. Si el enfoque se centra en funciones como mejorar el descanso o registrar tendencias generales, el marco regulatorio será uno; si se pretende diagnosticar o tratar patologías concretas, entrarán en juego normas más exigentes y la supervisión de organismos como la Agencia Europea de Medicamentos o las agencias nacionales.

Los reguladores europeos ya han mostrado interés por el auge de la salud digital y de los wearables avanzados. Una tecnología capaz de leer señales cerebrales desde el oído probablemente acelerará la necesidad de actualizar y concretar los marcos normativos, equilibrando la innovación con las garantías de seguridad y privacidad para los ciudadanos de países como España, Francia o Alemania.

Estado actual del desarrollo y horizonte temporal de los AirPods cerebrales

Con todo lo que se ha publicado hasta ahora, el panorama se sostiene en tres pilares: investigación en IA aplicada al EEG, patentes que detallan hardware para medir bioseñales desde el oído y ejemplos de otros fabricantes que ya trabajan en auriculares biométricos. Ninguno de estos elementos implica por sí solo que el lanzamiento de unos AirPods capaces de leer el cerebro sea inminente.

El propio estudio sobre PARS subraya que se trata de investigación y experimentos de laboratorio, centrados en comprobar si el modelo puede aprender por sí mismo la estructura temporal de las ondas cerebrales y mejorar la precisión en varias tareas de decodificación. No hay referencias directas a un producto comercial listo para salir al mercado.

Por otro lado, las patentes suelen describir posibles caminos de desarrollo, pero no garantizan que se materialicen en un dispositivo. Muchas solicitudes sirven para reservarse ideas, proteger diseños o cubrir tecnologías que quizá se retomen años más tarde, si las condiciones técnicas y comerciales resultan favorables.

En paralelo, ya existen compañías como Aware Custom Biometric Wearables que han presentado auriculares diseñados específicamente para medir actividad cerebral y señales relacionadas con el nervio vago o vasos sanguíneos del canal auditivo. Estos proyectos demuestran que el sector de los wearables centrados en bioseñales va en serio y que hay un interés creciente en esta clase de productos, incluida la innovación en audio.

Teniendo en cuenta los plazos habituales de desarrollo, las validaciones necesarias y los posibles requisitos regulatorios, parece razonable pensar que, si esta línea de trabajo sigue adelante, veremos avances progresivos en los próximos años, más que un salto brusco e inmediato. Algunas estimaciones apuntan incluso a la próxima década para que soluciones de este tipo lleguen al gran público con fiabilidad y bien integradas en el ecosistema digital.

Todo indica que Apple está construyendo, pieza a pieza, la base tecnológica para que unos futuros AirPods dejen de ser simples auriculares y se conviertan en una ventana discreta a la actividad cerebral, apoyándose en sensores situados en el oído, modelos de IA capaces de aprender sin anotaciones humanas y una capa de software orientada al bienestar y la salud. Que esta visión llegue a hacerse realidad en el día a día de los usuarios en España y el resto de Europa dependerá tanto de la madurez técnica como de la evolución normativa y, sobre todo, de hasta qué punto las personas estén dispuestas a confiar datos tan sensibles como las señales de su propio cerebro a un dispositivo que hoy emplean para escuchar música o atender llamadas.

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